miércoles, 11 de febrero de 2009

Reflexión sobre la Declaración Universal de los Derechos Humanos

La declaración universal de los derechos humanos acaba de cumplir seis décadas. Esta medida fue adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas después de haber vivido una de las épocas más oscuras en la historia de la humanidad, con la segunda guerra mundial y los crímenes del nazismo aún latentes. Aquí se recogen los derechos humanos considerados como básicos y los instrumentos necesarios para su cumplimiento.
No obstante, sesenta años después de dicha declaración no tenemos nada que celebrar. En estos sesenta años, se han vulnerado y, de seguir así, se continuará vulnerando los derechos fundamentales que se firmaron en su día.
La situación mundial actual es un claro reflejo de que se está siguiendo en una línea totalmente opuesta a la pretendida en la asamblea del 48. Simplemente basta con abrir cualquier periódico para ver todas las atrocidades que se están cometiendo:

  • Guerras en Oriente Medio inventadas por EE.UU. y sus aliados con el pretexto de recuperar las libertades civiles y políticas, cuando en realidad el único motivo es el enriquecimiento de estos.
  • Israel continúa asesinando, torturando, encarcelando sin un proceso justo, bloqueando las fronteras y expulsando de territorio palestino a estos.
  • Funcionamiento de cárceles secretas que violan todo tipo de derechos humanos, como es el caso de Guantánamo.
  • El expolio indiscriminado que los países enriquecidos cometen en el tercer mundo.
  • La desnutrición y la muerte prematura que millones de niños sufren por causas evitables. Y, donde casi mil millones de personas se encuentran desnutridas.
  • Un tercio de la población mundial no tiene posibilidad de contar con agua potable.
  • Existen leyes comerciales y agrarias, entre otras, que sólo benefician a los países más ricos.
  • Vivimos en una sociedad completamente desigual en donde el 20% de la sociedad consume en el 80% de los recursos.

Cada vez toma más sentido la afirmación de Susan George, una de las líderes de los movimientos anti-globalización, cuando declaró que “el capitalismo no es compatible con los derechos humanos”. El único afán del capitalismo es acumular ganancias y, cualquier forma de conseguirlo es válido; no tiene en cuenta al ser humano para obtener su objetivo. Simplemente serán meros "daños colaterales". Así que, mientras sigamos viviendo y produciendo bajo los patrones del capitalismo, cualquier intención de cambio será impensable.
Todos estos ejemplos, entre otros, hacen que la declaración, cargada de un alto sentimiento moral, se haya quedado reducida simplemente en eso, en una declaración de buenas intensiones. Y esto lo ratifica el hecho de que no se trata de un documento obligatorio o vinculante para los Estados, lo cual dice mucho de la utilidad del mismo.
Por lo tanto, pienso que cualquier acto de celebración de esta declaración tan anhelada, hoy por hoy, es una gran hipocresía que nos queda aún muy lejos. No estamos en condiciones de celebrar nada, en todo caso, deberíamos seguir denunciando las atrocidades que se siguen cometiendo a lo largo de todo el planeta día tras días y la actitud pasiva de la sociedad del “primer mundo”.

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